viernes, 13 de marzo de 2015

EL GRAN ERROR DE DIEGO URDIALES

Diego Urdiales es un torero de culto para el aficionado. No hay duda. Aun tomando la alternativa a finales de los 90, la explosión que le terminó de abrir un pequeño hueco en las ferias y un enorme socavón en el corazón de los que amamos el toreo eterno, se produjo en Logroño en 2007 indultando al cárdeno Molinito. El San Isidro de 2008 fue el de su revelación, ante una corrida de Carmen Segovia y ante otra de Adolfo días después, para terminar consolidándose definitivamente en la de Otoño de ese mismo año ante el buen Platafina, también cárdeno de la A coronada.
Desde entonces, siempre ha sido requerido por la afición para formar parte de las ferias pero, bien porque a las empresas no les ha venido en gana, o bien porque es un torero que, hay que reconocerlo, es tan bueno como irregular, no lo hemos terminado de ver en su gran plenitud. Después del boom del pasado año en Madrid y algunos lugares de Francia, ya no le debería quedar a nadie ninguna duda de que Diego Urdiales debe de estar en todos los sitios. Pero no de cualquier manera, y eso es a lo que me lleva este escrito. Porque los últimos rumores que llegan sobre San Isidro, colocan a este gran torero, honesto fuera y dentro de la plaza y el cual se ha hecho grande ante animales encastados, en una de esas pantomimas antitaurinas protagonizadas por los figurones del destoreo y sus bobalicones animalillos. O lo que es lo mismo, en la corrida de Cuvillo, parece ser que al lado de Talavante y Castella.
Hace exactamente un año, lo recuerdo perfectamente, a la salida del primer festejo de la temporada en Las Ventas, me encontré con el torero de Arnedo y no quise dejar de saludarle y desearle suerte para sus entonces venideros compromisos. Su respuesta, se quedó grabada en la mente, y  que juro y perjuro que así sucedió, fue tajante: "A ver que tal sale el ganado, porque con esta mierda que hemos visto hoy, sería imposible". Hacía alusión a la novillada de JL Pereda que, para no perder su costumbre, lidió ese día un auténtico saldo de borregos. Y yo no quisiera pecar de agorero, pero a Urdiales me gustaría prevenirle, desde mi humilde experiencia como abonado de Las Ventas y de Canal +, que lo de Pereda no sale mucho peor que lo del hierro al que se ha apuntado para lidiar en el próximo mes de mayo en Madrid. Que oigan, los más optimistas pensarán que les parece genial, que un paseo de Diego Urdiales por el limbo del Toreo 2.0 estaría de perlas para que les deje en calzones a más de uno (o a alguno en pijama, ya sea de lunares o de cebra). Y puede que pase, y ojalá ese día haya una alineación de astros para que se este hecho se haga realidad. Pero puestos a elegir, pienso que este gran torero debería pecar de sensatez y seguir desmontando las mentiras de aquellos señores desde la distancia. Porque qué bonito hubiera sido ver durante el mayo madrileño la combinación Urdiales - Torrestrella, o Urdiales - Pedraza, o incluso Urdiales - Cuadri. ¿Por qué no?
Lo que no nos pega nada es un torero que lleva la pureza y la verdad como bandera, metido en un circo más propio de Podemos que de la Fiesta de los toros. Por eso, no me corto un pelo al prever que Urdiales comete un craso error. Piénselo, Maestro.
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