jueves, 5 de junio de 2014

UN PSIQUIATRA POR FAVOR

Cuando me dirigía a la plaza, me encontré a la salida del metro con un buen amigo que dirigía sus pasos hacia el mismo destino que yo y que me contaba que en ese momento venía de visitar a su psicólogo. Gran elección la suya irse al psicólogo antes de una tarde de figurines en Las Ventas. Hoy es con el psicólogo, pero cualquier día de estos llegará y me dirá que viene del psiquiatra, y lo hará conmigo de acompañante, porque al paso que va todo esto, no creo que tarde mucho en necesitarlo. Asumo mis errores y mi incapacidad para ejercer como aficionado en cualquier plaza de toros, mi estado de locura cada día va a más y no tiene solución. Veo vacas donde en realidad hay toros de bonitas hechuras para embestir y con caras muy bonitas, veo toreros mentirosos donde hay grandes figuras del toreo que hacen el mejor toreo de la historia, veo gente pitando y protestando las mismas ratonerías que le aplauden a otro torero, veo gente ebria y malencarada donde hay grandes aficionados de postín, veo antitaurinos vestidos de luces y queriendo imitar el toreo, veo borreguez y tontuna donde hay bravura... No se equivoquen, soy un hombre sano que no toma drogas, ni fuma, ni bebe. Mi enfermedad supongo que debe venir de que en un pasado remoto me enseñaron que un toro debe dar miedo con sólo mirarlo y debía ser encastado y fiero y que todo lo que sea nobleza y colaboración era una farsa. Esos mismos desalmados me enseñaron que torear consiste en dominar a esa fiera con un trapito rosa y otro rojo, manejarlos con despaciosidad y utilizarlos para pasarse al toro cerca y enroscárselo en la cintura. También que para matar un toro ese mismo trapo rojo se utiliza para desviar la acometida del toro, no para taparle la cara mientras se pega un saltito y de clava el estoque desde la lejanía. Todo eso se ha aplaudido hoy, y hasta se ha premiado. El problema, pues, es mío y tendré que reformarme si quiero seguir disfrutando de este bonito espectáculo en el que un hombre vestido de luces da muchos trapazos a un pobre animal manipulado y sin maldad alguna. ¿Qué culpa tengo yo si cuatro o cinco impresentables me han tomado el pelo con que el toreo era un cuerpo a cuerpo entre una fiera y un hombre cuya función es dominarla? Que no me intenten engañar más, que el Juli hoy ha toreado de miedo, ha pegado unos... doscientos cincuenta y siete pases a dos animales exentos de maldad, como debe ser. Y matar, ya ha sido la leche matando. Con esos saltitos y ese cañón que tiene y que tumba a los toros patas arriba. ¿Qué más dará donde caiga la espada? A quienes le protestan, ya les pasaré yo el número del psiquiatra, también les vendrá bien. Luego ha venido Fandiño, que ha venido haciendo un poco más o menos las mismas tramp... perdón el mismo arte y la misma maestría que el Juli, y hasta componía la figura igual. Admirable, no sólo desprecian la cornada, sino que también el lumbago y las hernias discales. Y los pitan a los pobrecillos. ¡¡Ni puta idea!! Menos mal que todavía quedan aficionados cabales para premiar con una oreja la gran labor de este torero. Aun habiendo estado por debajo de un manso pero encastado toro de Alcurrucén (¿es así o la locura a me causa estragos?). Talavante, por culpa de los toros, los cuales no colaboraban ni se prestaban al toreo, no ha podido cortar orejas. O eso habrá sido, digo yo, que ya no se si es delirio o es la pura verdad. Por cierto, ¿y cuando veo lo festivalera y barata que está esta plaza, es verídico que solo me falte un cubalibre en la mano y estar ataviado con el polo de la peña, o también es cosa de las paranoias que padezco? No sé, pensaba que en Las Ventas había más seriedad. Pero como está demostrado que me han engañado, ya salgo de dudas.
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