lunes, 9 de junio de 2014

¡¡MIURAS!!

Miura regresó a Las Ventas nueve años después y no dejó indiferente a nadie. Con ese gran Zahonero y un tercer toro nobilísimo y encastado y un cuarto que también tuvo lo suyo, el legendario hierro de la A con asas reivindica en Las Ventas el culto por el Toro que ningunean la mayoría de los hierros lidiados en esta desastrosa feria de San Isidro 2014. Trajeron los hermanos Antonio y Eduardo una corrida de toros de las que quitan el hipo, con preciosa estampa y desarrolladas cornamentas. Una corrida de toros para Madrid, ni más ni menos, que según salía de chiqueros uno por uno hacía las delicias de los aficionados, que por cierto llenaron Las Ventas. Los toreros, solo por ponerse delante de un hierro como Miura, tienen el respeto ganado. Otra cosa es que estuvieran bien, que no lo estuvieron. Por lo menos los de oro, porque sí hubo hombres de plata con quilates. Rafaelillo ordenó sin escrúpulos a su picador una carnicería al toro que abrió plaza, el cual recibió más castigo que los seis inválidos juntos que el año que viene tendrán su azulejo en el patio de arrastre. El toro quedó hecho una birria, se quedaba corto y muy protestón. El segundo fue el famoso Zahonero, el toro más completo y bravo de la feria, aunque el premio se lo haya llevado un manso de dulce. Gracias a Javier Castaño, que quiso lucirlo en varas y con la muleta. Gracias a Marco Galán, cuya brega fue perfecta. Y gracias también a Fernando Sánchez, que lo picó muy bien e hizo la suerte como hay que hacerla. Recibió tres varas a las que acudió desde lejos con un trote cochinero y cansino, y en las que empujó, aunque le faltó demostrar más poder debajo del peto. El toro acudió de largo y con prontitud cuando Castaño le dio distancia, y fue una máquina de embestir por ambos pitones. Le ganó la partida, y de que manera, Zahonero a Castaño, carente de temple y mando para domeñar al bravo ejemplar miureño. El tercero también fue un buen toro que tuvo la mala suerte de encontrarse con Serafín Marín, que le compuso una faena exenta de calidad y llena de mantazos vulgares y fuera de sitio. Siempre perfilero el torero catalán y metiendo el pico con mucho descaro, pasó con mucha más pena que gloria ante el buen miureño. El cuarto fue un toro muy complicado aunque con mucho que torear. La cuadrilla de Rafaelillo estuvo soberbia ante él. Picó bien Esquivel y la brega de Joselito Rus nos mostró las virtudes del toro, y extraordinarios fueron los pares de José Mora y Pascual Mellinas. Rafaelillo no se entendió con el toro, y es una pena en un torero que tantas tardes buenas ha dado con este hierro, y con otros también en esta plaza. Hasta aquí, si la corrida hubiera seguido en este tono, muy posiblemente hubiera sido la corrida de la feria, pero la devolución del quinto, una preciosidad de animal con estampa de toro antiguo, hizo que la corrida se viniera abajo. El sobrero de Fidel San Román dijo poco, y aún menos con él un Javier Castaño que no creo que pueda vivir mucho tiempo más de la renta de tener una cuadrilla tan buena. Cerró la miurada y también la feria un ejemplar manso y con genio que lo único que tenía era un macheteo decoroso por bajo y estocada. Con él se lució en la brega Curro Robles. Luego, el catalán quiso ponerse bonito con él y por poco lo levanta del suelo en varias ocasiones. Poco más. Acabó así el San Isidro más largo de la historia, el cual se recordará como el de la consolidación definitiva de Las Ventas como plaza de pueblo en fiestas. No hay más que echar un vistazo a los premios concedidos por la empresa para darse cuenta de ello. Triunfador de la feria el destoreo moderno puro y duro, mejor corrida una de seis toros de camilla y oxígeno, mejor toro un manso... No importa, Zahonero, Tomillero y Vengativo, junto con Diego Urdiales y Miguel Abellán, los ponen de vuelta y media a todos. De la nueva orla de "afisionaos" que tenemos que padecer, ya hablaremos más adelante.
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