lunes, 23 de junio de 2014

AU REVOIR ISIDROS, HOLA DE NUEVO AUTOBUSEROS

Con el debido permiso de la novillada del pasado domingo, esta tarde volví a pisar Las Ventas por primera vez desde que finalizara San Isidro. Y lo hice contento y tranquilo sabiendo que la plaza ya está vacía de isidros y palmeros y, amén de saberme libre del calvario de aguantar sus cucamonas, por fin iba a poder estirar las piernas y sentarme cómodamente en la grada. Salvo esa pequeña excepción de que en la plaza solo se ve cemento, nada ha cambiado en Las Ventas. Porque los isidros se han pirado y no vuelven hasta octubre, pero en su lugar entran los paisanos, amigos, primos, vecinos y conocidos del novillero de turno para hacerles los honores a esos aficionados tan buenos y tan sensibles que desaparecen del mapa tan pronto como finaliza el glamour en nuestra plaza (olé los aficionados de verdad). La vida, pues, sigue igual que en la feria: los toros mansos y descastados pero colaboradores siguen siendo ovacionados en el arrastre, los toros inválidos son aceptados por la mayoría, prácticamente nadie recrimina a los picadores los puyazos paletilleros o traseros, ni se exigen lidias eficaces por parte de las cuadrillas, ni la colocación debida de los hombres de luces, sean matadores, subalternos o picadores. Y, por supuesto, no falta la joya de la corona: la fea y triste costumbre de regalar orejas como quien regala caramelos en una fiesta de cumpleaños (claro que la oreja de hoy, podría considerarse como eso, un regalo de cumpleaños). Madrid, ¿qué ha quedado de ti? La novillada de María Cascón, de presentación correcta pero sin grandes alardes, fue mansa, descastada, noble y floja, todo un lujo para los tiempos modernos que corren, en los que la bravura y la casta son considerados una herejía. Los novilleros, con cuatro, cero y cuatro actuaciones respectivamente en 2013, no podían dar posibilidad a los aficionados a albergar muchas esperanzas en que hicieran algo lucido, y desgraciadamente, los peores pronósticos se hicieron realidad. Raúl Cámara fue sacado a saludar al finalizar su actuación ante el cuarto, por sus paisanos naturalmente. Sólo así se comprende tal despropósito. A este novillo, manso de libro, se encabezonó en irse a los medios a sacar faena, donde el animal no dio opciones, ya que como bien quedó demostrado en los primeros tercios y en los primeros compases de la faena, su sitio era el tercio. El toro que abrió plaza, picado poco y mal al igual que toda la novillada, venía con prontitud a los cites y se movió mucho, pero transmitió poco. Cámara, muy por debajo, hizo una faena larga basada en trallazos sin asentar las zapatillas y sin interés alguno. Jorge Escudero volvió a Madrid después de aquella tarde de septiembre en la que quedo inédito por una cornada que le llegó al irse a recibir a portagayola al animal con el que se presentaba en Madrid. Poco dijo ante dos animales nobles que se duraron un suspiro. Juan Miguel Benito hizo el paseíllo en Madrid en el día de su vigésimo octavo cumpleaños, y solo le faltaron a sus paisanos y al presidente sacarle la tarta al ruedo y cantarle el cumpleaños feliz. Regalo ya tuvo, un despojo de la tonta del bote lidiado en sexto lugar, y que le llegó tras una faena basada en muletazos con la muleta a la altura de la andanada, totalmente fuera de cacho y descargando la suerte con mucho descaro, y acompañando la nobilísima embestida del novillo (que no toreando). El pinchazo y la estocada trasera y contraria no fueron impedimento el despojo cayera. El novillo que hizo de tercero, al que Juan Miguel por poco se lo deja vivo, fue muy bien lidiado por Jesús Aguado, que cuajó una excelente tarde, y al que el tercero Alberto Zayas, también fenomenal en los quites, puso un gran par de banderillas después de unas cuantas pasadas en falso. Fue un novillo manso pero que tuvo un buen pitón izquierdo que el colmenareño, con su peculiar y ventajista estilo, no supo aprovechar. Como ven, poco han cambiado las cosas en el 237 de la madrileña calle Alcalá, y si lo ha hecho ha sido para mal. Y aún nos seguimos quejando de que cada vez hay menos aficionados... ¡¡si lo raro es que todavía queden, viendo percales como los de esta tarde de junio!!
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