viernes, 30 de mayo de 2014

SIN TORO NADA TIENE IMPORTANCIA

Ayer no había ganas de hablar de toreo ni de analizar faenas. Sólo de denunciar el fraude, la ignorancia y pasotismo del público actual que acude a los toros y de la lamentable prensa taurina que padecemos, la cual todo tapa y hasta manipula. Pero hoy me he levantado con ganas de hablar de Alejandro Talavante y su nuevo concepto del toreo. Supongo que toca hacerlo, vista su actuación de ayer y del pasado día 22. Ante nosotros podemos palpar un torero mucho más reposado y dotado de más naturalidad, dejando atrás esas crispaciones y esa manera tan fea de retorcerse. De eso no hay niguna duda. Pero claro, si nos remitimos a que torear equivale al parar - templar - mandar de toda la vida y ante un animal con trapío y al que no se le manipula grotescamente; un animal fiero, encastado, poderoso; un animal con nobleza, sí, pero no atontado... pues a mí, que quieren que les diga, pero no me deja de parecer otra pantomima más. Alejandro ha demostrado que sabe torear, que cuando quiere se pone en el sitio y carga la suerte, se pasa a los toros rozándole la taleguilla y remata los muletazos atrás. Pero paralelamente, y basándome en hechos (concretamente en la encerrona con seis de Victorino Martín aquel 18 de mayo de 2013) también he de decir que este señor ha demostrado que no tiene, con perdón, ni puta idea de lidiar un toro. Aquella tarde no se lidió un encierro del paleto como los de antaño (y menos mal, porque si no...), pero uno solo exigía más que todos los carretones desmochados con los que Alejandro acostumbra a verse las caras en cualquier plaza. Y aquella tarde, hizo el ridículo y nos demostró que, sacándolo del toro fácil y bobo, Alejandro es un torero limitadísimo de facultades lidiadoras, de recursos, de mando y de todo. Que cuando sale "su toro" torea mil veces mejor que cualquiera de las figuras actuales pero, como reza la chapita roja que muchos aficionados llevamos en la camisa los días de corrida: NADA TIENE IMPORTANCIA SÍ NO HAY TORO. Y Alejandro Talavante, muy acostumbrado a vérselas con TOROS de verdad, no está. El día que Alejandro Talavante pegue diez o quince muletazos, solo diez o quince, no necesito más, de esos que él sabe a un Tomillero, un Camarito o un Ribete, entonces me callaré la boca y me descubriré ante él como se merece. Pero mientras tanto, para mí seguirá siendo un figurín del toreo más.
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