lunes, 26 de mayo de 2014

MUCHOS TOROS Y POCA SUSTANCIA

Las diez y cinco minutos de la noche marcaba el reloj de la plaza cuando abandonamos nuestros asientos los pocos que quedábamos ya aguantando el desfile de ganaderías que vivimos ayer. Hasta de seis hierros diferentes, a saber Peñajara, El Cortijillo, Los Chospes, Torrealba, Conde de la Maza y La Rosaleda. La tarde hubiera cambiado quizás si hubiera salido alguno de los sobreros de Ana Romero que sabemos que había por ahí dentro, pero nos tuvimos que conformar con ésto. De los tres lidiados de Peñajara, el destinado en cuarto lugar y finalmente corrido como primero tris, al igual que el quinto que hizo de segundo, también merecieron el honor de hacer trabajar a Florito; y el sexto fue el único que ofreció posibilidades, pero a su matador le vino enorme y la lidia fue penosa. El de El Cortijillo, primero bis, se partió el cuerno desde la base en el primer encuentro con el penco, en su lugar salió, como queda dicho, el que hacía de cuarto, al el que Víctor Puerto intentó sacar algo, cosa que era imposible. Eugenio de Mora tampoco pudo hacer nada con el inválido segundo bis, también de Peñajara y que era quinto en la lidia ordinaria. Dejó para el recuerdo una larga de cartel de toros en el saludo capotero. El de Los Chospes hacía de tercero tris en sustitución de sendos toros de Peñajara y Torrealba. De Lamelas gustó con este toro su colocación, pero se mostró muy vulgar y pesado, hasta el punto de llevarse un tremendo porrazo por jugársela tontamente. El segundo sobrero del Conde de la Maza imponía respeto solo con mirarlo. A Víctor Puerto, muy bien toda la tarde en sus tareas de director de lidia y siempre al quite, no supo hacerse con él y fue pitado por el respetable. El quinto, de La Rosaleda, permitió que un retorcido y tosco Eugenio de Mora deleitara a los isidros domingueros con una faena hecha a base de medios pases y trallazos. Sólo al final quiso relajar la figura y dejar un derechazo templado que despertó del letargo a los aficionados. Después de esto se vino arriba y quiso repetirlo, pero para entonces ya no había toro. Después de pinchazo y estocada desprendida, hubo petición de oreja que, afortunadamente, el presidente desatendió. La plaza de Las Ventas está muy barata, pero a tanto no llega (aún). El sexto y último, el único titular de Peñajara que fue lidiado en su correspondiente lugar, fue un toro que requería una lidia poderosa por bajo por unas manos más expertas. Lamelas, muy verde y sin rodaje, estuvo ahí y poco más. Pocas cosas buenas para tres horas de corrida y once toros vistos. Esperamos con curiosidad el informe veterinario sobre los toros devueltos de Peñajara.
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