viernes, 16 de mayo de 2014

EL SANTO PATRÓN Y LOS SANTOS AFICIONADOS

Para aguantar tardes como la de hoy, hace falta estar dotado de una solemne paciencia. Peor aún, hay que ser un santo y una bellísima persona. Uno no va a una plaza de toros a ver un desfile de toretes inválidos, ni a que el torero de turno intente tomarle el pelo con sus ratonerías, ni a echarse la siesta en plena faena de muleta porque el que está en el ruedo es incapaz de decir nada, ni a que la autoridad competente le pegue una patada en los testículos.
Pero así las cosas y, por desgracia, esto pasa la gran mayoría de los días. En el día del Santo Patrón de Madrid, el día de San Isidro, da tiempo también para dar tributo al aficionado que paga por aguantar todo lo dicho y hasta, para colmo de males, le llamen de todo porque no sigue el rollito amable y de color de rosa que se cierne sobre este antitaurino espectáculo. Pero aquí todo es al revés y los pobrecillos desgraciados son Victoriano del Río, Ponce o Castella, que tienen que aguantar las protestas de esos reventadores que lo único que reclaman es un espectáculo digno. ¿Dignidad, con una corrida inválida y horripilante como la de Victoriano del Río? ¿Dignidad, con tres toreros que tapaban a los animalejos simulando la suerte de varas y llevándoles con el capote por las nubes para que no se vinieran al suelo? ¿Dignidad, con un presidente exento de afición y al que le importa un pimiento todo? Dignidad llamarán unos cuantos a la actuación de Ponce en su retorno a Madrid seis años después. Yo me limitaré a llamarlo algo así como... una elegante y torerísima faena ventajista. Que no, que por mucho que nos empeñemos no le gusta al de Chiva mancharse el vestido de sangre del toro.
Dignidad le llamarán otros pocos a la actuación de Castella, justificando que poco pudo hacer con un lote infumable. Lo fue el segundo de la tarde, pero eso se arregla provocando el pañuelo verde bajando las manos con el capote, para así tener posibilidades de que el sobrero tenga más fuelle. ¿O es que no interesan esas cosas? Viendo su apática actitud durante toda la tarde y sus nulas ganas de hacer otra cosa que no fuera pasearse, no es de extrañar. Cierto es también que tuvo en sus manos al único (el quinto) que ofreció posibilidades. Pero como ya se ha dicho, el señorito franco - polaco - hispano no estaba en órbita. Y dignidad también le llamarán algunos, entre los cuales me tengo que incluir, a la actuación del confirmante.
David Galán, torero de dinastía, vino a confirmar alternativa a Madrid sin haber toreado apenas en los últimos años, y lo normal hubiera sido encontrarnos a un torero muy verde. Pues no señor, estuvo muy puesto toda la tarde y tuvo una actuación cargada de tranquilidad, temple y con la cabeza muy puesta, aunque eso sí, su toreo retorcido y despegado no terminó de convencerme. También me pareció digna de destacar la actuación del fino y torerísimo banderillero Javier Ambel,que como siempre, estuvo soberbio con el capote y con los palos. Se desmonteró en quinto, como no podía ser de otra forma.
 Y así transcurrió la tarde del Santo Patrón de Madrid, aunque más que del Santo Patrón debería de ser la de los Santos Aficionados, ésta y la enorme mayoría. Y luego nos llaman reventadores, pero ya ven...¡¡como para quedarse callados!! Eso es lo que les gustaría a muchos de estos torerillos, una afición que tragara con todo o, como ellos dirían, "respetuosa y entendida". Mientras no sean respetuosos ellos, se quedarán con las ganas.
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