miércoles, 2 de abril de 2014

SEGUNDA NOVILLADA DEL AÑO (LAS VENTAS)

Poco o nada diferente a lo previsto sucedió el pasado domingo en Las Ventas. Por lo pronto, estrenamos nuevo presidente, D. Javier Cano, a quien solo le han bastado dos horitas para mostrarnos que anda algo distraido con el reloj y que le pesa bastante la mano a la hora de sacar el pañuelo verde para devolver animales inválidos. Mal comienzo... Seguidamente, los novillos de Pereda - La Dehesilla tampoco dieron señas que nos dieran a pensar la más mínima razón para que, un año más y ya llevamos muchos, tengamos que seguir aguantándola. Sin una gota de casta en sus venas, floja y sin dar la más mínima emoción. Sólo el primero, de haber tenido más fortaleza, hubiera valido para el torero. Poco más se puede decir. De los novilleros pocas cosas buenas igualmente puedo decir. Sólo Jesús Fernández, con ese primero que le perdonó la vida en dos ocasiones de pura bondad, consiguió arrancar tres o cuatro naturales sueltos que llegaron de verdad al alma.
Juan Ortega, sevillano ya conocido en esta plaza, le hizo todo al revés al segundo de la tarde, que metió los riñones en la primera vara de lo lindo y fue tapado con descaro, pues el novillo pedía los medios y el novillero encaprichado con torear en tablas. No consiguió tampoco dar más de dos muletazos seguidos limpiamente, y todo fueron trallazos hacia afuera. Por si fuera poco, arreó un feo sartenazo a ese segundo y, si no llega a ser por la amabilidad del debutante presidente, el toro vuelve vivo al corral. Una pena, ciertamente.
Cerró terna Tomás Campos, que también contó con la amabilidad del toricatano del palco para que el tercero no volviera al corral vivito y coleando. Fue éste un novillo mansurrón como el que más y sin casta ni codicia ninguna, con el que Campos estuvo pesadísimo y sin decir absolutamente nada. Lo mismo pasó con el tetrapléjico que cerró plaza, que debió  volver al corral pero siguió en el ruedo para inri de los aficionados. El chaval no se percató de que ahí no se podía hacer nada pero volvió a hacer una faena larga entre protestas.
La novillada de Pereda fue un nuevo despropósito de los innumerables que lleva dando, año tras año, este ganadero en Madrid. Pero no importa, en San Isidro volvemos a tenerlos por aquí y al año que viene volveremos a tener que aguantarlos por los santos cojones de Taurodelta.  ¿Y por qué? Misterios sin resolver...
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