sábado, 1 de junio de 2013

Y ENTONCES LLEGÓ LA CASTA...




Y entonces llegó la casta, y a nadie dejó indiferente. Llevábamos tantas tardes de hastío, desolación, vulgaridad; tantas tardes de siestas de siete a nueve y cuarto con almohadón de cemento, que lo de hoy llega como agua bendita de mayo y como postre anticipado a una Feria de San Isidro insostenible e inaguantable. La flagelación a la bendita afición de Madrid pidió vacaciones -esperemos que no solo por un día- y hoy las caras de los habituales a la salida de la plaza brillaban como las sonrisas de los padres primerizos. Y la corrida de hoy no fue del otro mundo; hemos presenciado una corrida encastada, de menos a más, con sus miserias y sus riquezas. Una corrida de toros, y ya está. Como Dios manda, y que mande en su Fiesta el toro... 
La tarde empezaba destemplada, Malagueño -un ejemplar de magnífica presentación- fue un toro que desde los primeros capotados, con los que Ferrera no consiguió parar al burel, mostró falta de fuerzas. Fue castigado con un primer puyazo paletillero en su querencia, en el que derribó, y salió del primer puyazo con todas las papeletas para ser devuelto. El segundo puyazo fue una caricia, aunque fue ejecutado en el sitio. El albaserrada mostraba cierta nobleza, pero no fue ni cierto ni pronto, se quedaba corto por ambos pitones y calamocheaba. Ferrera aguantó las escasas embestidas del cuatreño y lo mató arriba de suerte natural, aunque cayó algo desprendida. 
El segundo, Sevillanito, un conejito albaserrada –el único de baja nota en presentación-, acusó también la falta de fuerzas, mostró cierta nobleza y falta de casta. Fernando Sánchez, torero, le puso un par  toreando con mucho garbo, de poder a poder. Castaño inició el trasteo a base de trallazos y el de Adolfo se le quedaba cortito, yendo a tornillazos. Fue pasaportado con una estocada trasera y un magnífico puntillazo de F. Sánchez. 
El tercero fue un calco del primer toro, mostró nobleza pero también falta de fuerzas. La lidia de la cuadrilla de Aguilar fue pésima, el toro no fue parado de salida, no recibió puya de consideración "pa´ que andase" y Alberto solo pudo sacar algunos naturales templados de la sosería de un toro que no repetía. El quinto, un encastado que sabía Latín, recibió una lidia pésima -excepto el primer buen puyazo- y desarrolló dificultades frente a las que Alberto Aguilar  estuvo muy por debajo. El matador no quiso entrar en los terrenos de la verdad y se mantuvo en la fina línea del "¿Y qué hago yo delante de esto?". Quizá si se hubiese doblado al inicio de trasteo, hubiese sido un toro para reafirmarse en Madrid. 
El cornipaso cuarto, Baratillo, lució una presentación intachable y su condición fue de encastado con cierta nobleza. La lidia de Ferrera fue de mucho lucimiento y torería, parando el toro andando hacia atrás y con soberbios capotazos a manos bajas. El toro humillaba con certeza por ambos pitones y había que llevarlo muy arropado. El extremeño dejó algunos pases de pecho de calidad, aunque pudo sacar de éste un mayor provecho. Lo mejor de la tarde vendría al final, como postre a una tarde de toros y toreros. Salió Marinero y volvió La Lidia de la mano del apodado “Dream Team de Javier Castaño”. Marco Galán llevo a cabo una lidia magnífica, cuidando mucho al animal a base de capotazos muy templados y colocando al burel en la suerte de los palos con un único capotazo. Qué diferencia con lo habitual, ¿verdad?.
La guinda la puso Tito Sandoval, una vez más. Aunque el toro no era pronto, gracias al toreo a caballo del picador el sexto albaserrada fue al peto en tres ocasiones con tres puyazos de categoría, sobre todo los dos últimos, citando desde el platillo del albero y clavando la puya en el muñón del de Adolfo. La gente se volvía loca, algunos pedimos que se le diese al picador la vuelta al ruedo, como en tiempos añejos, por su soberbia actuación, pero no fue así.
Adalid volvió a salirse como rehiletero, aunque sus dos pares cayeron algo defectuosos y Fernando Sánchez, el tercero, dio una lección de torería en su par andando hacia al toro desde los medios como “quien se está tomando un café”, con garbo y torería, colocando los palos en el sitio y saliendo de la suerte andando. Torería de la cara, de la que no tiene precio. Inició Castaño, matador generoso donde los haya, el trasteo con temple y haciendo las cosas bien. El adolfo -un toro colaborador respecto al espectáculo de la casta y la verdad- iba y venía metiendo la carita y con fijeza pero siempre exigiendo que el matador se cruzase y le diese mucha franela. Dejó Castaño algunos naturales y obligados de buena nota pero sin redondear, el toro era de dos orejas -en una faena muletera de intensidad, calidad y brevedad-  pero el matador no aprovechó la calidad de sus embestidas por ambos pitones. La tarde acabó con los aplausos del público al toro -y también del matador al toro- y a la cuadrilla de Castaño que junto a él dio una vuelta al ruedo merecida. 
Por último, me gustaría destacar la soberbia labor de director de lidia que llevó a cabo Antonio Ferrera durante toda la tarde. Los aficionados salían de la plaza como si les hubiese tocado –por fin- el gordo de la lotería isidril. Fue una tarde de interés y de emoción, con casta y con toreros que supieron dar espectáculo y lucir a los toros sin olvidarse de que la Lidia consta de tres tercios y que hay que llevarlos a cabo. Así da gusto y así se hace afición.


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