lunes, 17 de junio de 2013

RECITALES VARIOS Y MAZAZO INCLUIDO

Una semana después de la clausura de la Feria de San Isidro y su anexo del Harte y la Incultura, la Plaza de Madrid volvía a abrir sus puertas. Y lo hizo con un cartel de interés ganadero bajo mínimos, pero con algún aliciente que otro entre los de luces. Por ejemplo, ese buen torero que es Fernando Cruz y que volvía a pisar Las Ventas casi un año después de su grave cornada. Pese a que muchos piensan que la afición de Madrid es insensible y con fama de ogro, esta tarde, una vez más, se ha demostrado que aquí se tiene memoria y sensibilidad, sacando a Fernando a saludar una cariñosa ovación al romperse el paseíllo. También se tenía interés por ver a Juan del Alamo después de protagonizar el mejor toreo de capa de la pasada Feria. Poco más cabía de esperar de esta tarde. Por desgracia, los toros han cumplido las expectativas y el poco interés que despertaban los dos hombres antes mencionados ha quedado en nada, por mucho que se haya cortado una oreja . Los cuatro ejemplares de Los Recitales eran babosas diminutas, muy flojas y sin maldad. Los dos del Conde de la Maza totalmente sacados de tipo, altotes, bastos y muy escurridos de carnes. Se devolvió un toro de cada hierro que fueron sustituidos por dos de Carriquiri, de presentación más cuidada pero poco juego. A Fernando Cruz se le vio sin cabeza ni ganas de agradar. En ambos toros tenía que rectificar terreno en cada muletazo dada su mala colocación, muy desconfiado y pasando miedo. Mató además de dos feos bajonazos, decepcionando a los que le esperábamos esta tarde y dejando claro que su cabeza no está para muchos trotes. Rubén Pinar cada día se parece más a Don Julián. Mismos andares de pastor arreando ganado, mismos retorcimientos, mismas trampas, y hasta misma manera de ejecutar la suerte suprema, ese feo y singular julipié. Al segundo de la tarde, un inválido que debió volver al corral, quiso hacerle hasta faena pero desistió al escuchar las protestas de los aficionados, protestas que también escuchó en el quinto por alargar hasta un límite descoyante la faena, aunque esa vez se las pasó por el arco del triunfo y nos torturó a todos con su toreo pegapasista y mentiroso durante una eternidad. Juan del Alamo cortó una baratija de oreja al sexto, un sobrero de Carriquiri sustituto de un condeso impresentable y horrendo de embestida empalagosa. La faena tuvo de todo, desde pases en línea recta y rematados afuera (los más) hasta algunos muletazos sueltos rematados atrás y cargando la suerte. Aún así, no era faena de oreja, y mucho menos después de un feo metisaca y una estocada desprendida y contraria. Entre esa oreja y algún inválido más que se quedó en el ruedo, el debut de D. Justo Polo como presidente nos hace augurar un futuro gris en el palco. Precisamente presidentes orejeros y amigos de los toretes tetrapléjicos es de lo que nos sobra aquí.
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