martes, 22 de enero de 2013

PREDECENTES CONTEMPORANEOS DE LAS GESTAS

Cabilando y rebuscando en mi memoria, acabo por recordar que en una Feria de San Isidro no muy remota también les dio a las figuras por esto de "los gestos". Concretamente, fue allá por el año 2001, fechas en las que ya tenían cierto auge todo eso del "toro artista", la "bravura integral", la "domecqsticación" y demás giliflautadas. Vamos, lo que mi amigo Enrique Martín denomina Tauromaquia 2.0. Pues bien, rebuscando en la red he conseguido dar con la cartelería de aquel San Isidro de 2001 y me encuentro con lo siguiente:

José Miguel Arroyo "Joselito": Partido de Resina y Adolfo Martín.
José Tomás: Adolfo Martín.
Julián López "El Juli": Guardiola Fantoni y un toro de Victorino Martín en la corrida de la Prensa.
Enrique Ponce: Dolores Aguirre.

Joaquín Vidal escribe lo siguiente en cada correspondiente tarde:

Miércoles 23 de mayo, toros de Partido de Resina/Esplá-Joselito-Cid:  Los toros de Partido de Resina, que quienes están en la pomada gustan llamar pablorromeros por la sencilla razón de que la ganadería pertenció a Pablo Romero (de eso hace ya cuatro años), pese a su hermosa lámina y sus bien conformadas cornamentas eran unos borregos impresentables. Borregos y tullidos. Borregos, tullidos y fumados. (...)
Los premiosos muleteos del famoso Joselito marginaban la técnica de parar, templar y mandar, y la sustituían por el unipase, el toreo fuera cacho, los viajes marcados al desgaire, la destemplanza. El muleteo al segundo toro añadió dos series de naturales de aleatoria factura y aun quiso prolongar Joselito la faena intercalando derechazos, trincheras, porfías, que provocaron palmas de tango y algún grito avisándole de que acabara de una vez pues estaba aburriendo al lucero del alba.
Dijeron en su día que lo de Joselito anunciándose con los toros de Partido de Resina (antes Pablo Romero) constituía una gesta. Luego, al comprobar cómo salían los toros de Partido de Resina (antes Pablo Romero) se entendió perfectamente en qué consistía la gesta.
A alguien se le ha visto el plumero, francamente.


Jueves 31 de mayo, toros de diferentes ganaderías/Armillita-Juli-Castaño:
El lote más chico, para El Juli, no hay derecho. Al anovillado de Alcurrucén le dio pases extraordinarios salteados en una faena valentona de acusados altibajos. Con el chico, inválido y aborregado de Victorino (vaya plasta envió este ganadero), se arrimó como un jabato le buscó las vueltas y lo tumbó de un estoconazo sensacional. También banderilleó El Juli, con vulgaridad manifiesta. E hizo quites de variada factura empleando el aplomo y el virtuosismo que le son habituales.
Así que un respeto a El Juli, su casta torera, su espíritu de superación. Sólo falta que venga con mejores toros, que no se amanere, que no esté obsesionado con José Tomás.

Viernes 1 de junio, toros de Adolfo Martín/Joselito-José Tomás-Abellán:
José Tomás provocó un escándalo sin precedentes en la plaza de Las Ventas. Acabó provocándolo después de haber hecho una estrepitosa manifestación de incompetencia torera y rematarla con lo que quizá vaya a ser el fracaso de su vida.
Joselito no se crea que le anduvo a la zaga. Joselito, en sus dos turnos, lo mismo al intervenir de capa que de muleta, dejó patente la realidad de su valor profesional y artístico; y él mismo, solo y sin ayuda de nadie, desveló la milonga que se había montado sobre el dominio, la maestría y la torería.
La tarde estaba desmitificadora a tope, sin dejar a nadie en el olvido, pues el ganadero Adolfo Martín, que se había creado un cartel de riguroso y purista, criador de toros serios y encastados, envió para las dos fingidas figuras una escalera de borregos sin trapío e inválidos, que tanto uno a uno como por junto constituyeron la vergüenza nacional. El fracaso del ganadero fue similar al de los mencionados coletudos: de los que hacen época.

Martes 5 de junio, toros de Guardiola Fantoni/Rivera Ordóñez-Víctor Puerto-Juli: El tercer toro le pegó a El Juli una cornada menos grave. Se la pegó como suelen hacerlo los toros de casta: recrecido y con saña, tirando derrotes hasta el infinito.
Suele ocurrir siempre que hay cogidas en la feria. Los isidros no están acostumbrados a estos sinsabores ni a los avatares de la lidia y cuando ocurren imprevistos se ponen de los nervios. A un aficionado que le había reprochado a El Juli, un rato antes, su reiteración en poner las banderillas sólo por el pitón derecho, le armaron una bronca al producirse la cogida y algunos de los isidros más iracundos pretendían echarlo de la plaza.
Como si tuviera algo que ver el culo con las témporas. El Juli, efectivamente, banderilleó únicamente por el pitón derecho, además con mediana brillantez, mientras en los prolegómenos de su faena de muleta estuvo hecho un jabato y precisamente que se arrimara de firme condicionó la cogida.
Lo de El Juli es un caso y su actitud en la feria merece una justa ponderación. En el anuncio de los carteles se destacó que, por primera vez, acudían las figuras con ánimo de protagonizar gestas, para lo cual torearían corridas con fama de duras. Y así fue, pero según y como. Porque vino la figura Joselito con los toros de Partido de Resina (antes Pablo Romero), y eran una calamidad; volvió la mencionada figura, ahora acompañado del figura por antonomasia, José Tomás, con los toros de Adolfo Martín y aún resultaron más calamitosos. De manera que las gestas se tornaban en muecas; las corridas duras en una sarta de inválidos aborregados y fumados.
Habida cuenta del precedente se temía que los Guardiola de El Juli para la consabida gesta serían otra muestra de engaño y de torería falaz. Pero no. Los Guardiola sacaron el trapío de su estirpe, la casta que les es propia, y precisamente el toro de la cornada, primero de El Juli, fue uno de los más serios y mejor presentados de la corrida.

Viernes 8 de junio, toros de Dolores Aguirre/Juan Mora-Ponce-Eugenio de Mora:
Venía Enrique Ponce a protagonizar una hazaña, lo llamaban gesta, podría tratarse de un gesto, y acabó haciendo el ridículo. ¿Se ha oído hablar del parto de los montes? Pues por ahí, incluído el ratón que el monte parió. Eso sí, iba Enrique Ponce como si se tratara del rey del mambo, la cabeza alta, pisando fuerte y si sus limitaciones provocaban música de viento, le sobraban ínfulas para salir a saludar y ahí se las dieran todas.
La gesta consistía en que iba a lidiar los correosos toros de Dolores Aguirre y resulta que a la hora de la verdad sólo le tocó uno pues el otro pertenecía a la ganadería de Victoriano del Río, que demandan las figuras para simular proezas.
Ocurrió que de los ocho toros que presentó la ganadera a reconocimiento, los veterinarios rechazaron tres por falta de trapío (o eso dicen). Faltaba, pues, uno, e introdujeron el de Victoriano del Río. Que, curiosamente, de trapío tenía poco, lucía tipo zapato (eso sí, de charol), y desmerecía llamativamente de los grandones y destartalados ejemplares del hiero titular. El bombón le correspondió, ¡ah!, cosas del destino, a Enrique Ponce, ¡oh!; que las casualidades de la vida gozan, ¡huy!, de gran puntería cuando de los reyes del mambo se trata.
El toro de Victoriano del Rio sacó fuerza escasa, según convenía a la industria, y desarrolló una encastada nobleza de la que bien podía sentirse orgulloso el ganadero. Pronto, fijo y humillado en sus embestidas, le estuvo brindando un señalado triunfo a quien se pusiera delante. Lo que sucedió, sin embargo es que Enrique Ponce, delante -lo que se dice delante- duraba poco. Daba el pase y apenas concluido ya estaba zapatillando frenético hacia parajes alejados del encornado especimen. Y así no es.
Una voz de las alturas resumió lo que acontecía: 'Se va sin torear' (el toro). Y otra apostilló: 'A cobrar' (el torero). Vox populi le llaman a esa figura. Terminó la faena, la gente dividió su sanción por lo acaecido y Enrique Ponce salió a los medios a recibir montera en mano los aplausos y los pitos, tan fresco.
El quinto toro resultó ser el más escurrido de la corrida, lo cual frustró a los sesudos observadores pues confiaban que sería el más grande, aunque sólo fuese por cuestiones de dignidad torera. En cambio lucía una respetable testa. Este toro ya no era el pastueño de Victoriano del Río sino que sacó la mansedumbre y la aspereza común a los pupilos de Dolores Aguirre. De manera que Ponce multiplicó los zapatilleos entre derechazos desabridos, hasta que tiró por la calle de en medio, macheteó y le metió al toro un sablazo transversal, que si llega a ahondarlo, asoma medio acero por la banda contraria del pescuezo.

Con estos precedentes, es para echar a correr. O para cosas peores, pues hoy en día el plantel de figuras está peor que entonces. Qué más quisieran Manzanares, Talavante o Luque llegarle a la suela de la zapatilla a Joselito o a José Tomás. Después de todo eso, 12 años hemos tenido que esperar los aficionados para volver a ver a las figuras llenándose la boca con esto de los gestos. A excepción quizás de El Juli, quién posteriormente se vería las caras con alguna de Victorino Martín (Madrid, año 2006, más pena que gloria) y Miura (Valencia, julio de 2006, de donde salió quejándose del trato recibido). Solo una cosa más: cuando llegue la hora de la verdad, ¿saldremos de la plaza hablando de tostón, fracaso ganadero, toros que se van sin torear, bailes de corrales o incompetencia de los de luces, como entonces lo hacía el maestro Joaquín Vidal?
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